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El Tresarroyense grandioso.

LA VIDA Y OBRA DEL TRESARROYENSE FRANCISCO JUAN JOSE RISSO,
SEMBRADOR DE CIENCIA Y CULTURA
Vida silvestre
Doctor en Ciencias Naturales, el tresarroyense Francisco Juan José Risso, que desde hace medio siglo reside en Resistencia, es un sembrador de cultura. Investigador incansable, docente universitario, funcionario provincial de rango, Risso fundó y fue el primer titular del Museo de Ciencias Naturales del Chaco. A los 85 años, ya jubilado, entrevistado por “El Periodista” en la norteña provincia que escogió para vivir, repasó su intensa carrera y su rica obra. Un legado que le valió ser destacado como “personalidad nacional” en la publicación “Quién es quién” de América Latina.
Hay gente que en su obrar va dejando huellas que perdurarán para siempre porque contribuyeron de alguna u otra forma al crecimiento del país. Cuando repasa su rica trayectoria, el doctor Francisco Juan José Risso Ceriani, comprende que le quedaron muy pocas cosas por hacer en el camino. Si uno le pregunta cuáles fueron sus principales logros no duda en contestar: “los alumnos que tuve en ambas facultades, el museo y los recuerdos de los buenos amigos”.
Este tresarroyense de 85 años, se dedicó a crear y sembrar durante décadas ciencia y cultura en la comunidad chaqueña y correntina. Sus prestigiosas obras de investigación como doctor en Ciencias Naturales y su gran riqueza intelectual le valieron el reconocimiento de ser destacado como personalidad nacional en la publicación “Quién es quién” de América Latina.
Huellas en su ciudad
Francisco nació el 12 de julio de 1921 en nuestra ciudad, de donde guarda los mejores recuerdos. Fue de los primeros 21 alumnos que tuvo el Colegio Jesús Adolescente, completó el secundario en el Colegio Nacional y cuando tuvo que partir a la Universidad regresó cada verano para reencontrarse con su familia y su gente. Aquí también dejó su huella junto a su mejor amigo, el doctor Antonio Sorgentini. “Con él colaboré estrechamente para crear el museo regional de Tres Arroyos que se ubicaba en la Biblioteca Pública Sarmiento y posteriormente en la casa Scout”, contó Risso desde Chaco donde reside desde hace 48 años.
Su vocación
Su inquietud por las Ciencias Naturales surgió cuando era adolescente y compró un microscopio escolar para empezar sus primeras incursiones autodidactas. Finalizando el ciclo escolar tuvo que decidir qué rumbo tomaría su futuro. Hubo una charla que le ayudó a definir su vocación. En ese entonces, el profesor Dassis, secretario del Colegio Nacional les dijo que había que apuntar a dejar las carreras clásicas de médicos y abogados para buscar otras alternativas que se potenciarían en el futuro. “En ese entonces YPF ofrecía becas de estudios para geólogos, que era una carrera de futuro. Esta carrera se estudiaba en La Plata donde había que seguir el doctorado en Ciencias Naturales”.
Vueltas del destino
Con dieciocho años partió hacia la ciudad de las diagonales dispuesto a convertirse en geólogo. Sin embargo, las vueltas del destino lo hicieron inclinarse por una especialidad que lo acompañaría el resto de su vida. “Llegado a los últimos años de la carrera tenía cuatro especializaciones principales: zoología, botánica, geología y paleontología. Los profesores de geología eran todos alemanes, eran lo que se decían “sabios” pero no eran didactas. No me gustó. En cambio, los de zoología eran modernos, con la etología y ecología al día, por lo cual me incliné hacia esta especialidad”.
Cuando llegó al tercer año eligió un asesor para su tesis. El profesor Mac Donagh le aconsejó la ictiología e investigó sobre el tema de “Contribución al conocimiento del sábalo en la Cuenca del Plata”. Llegado el momento rindió el examen ante un tribunal especial y obtuvo un diez sobresaliente. Ya era doctor.
Pasión por la investigación
Durante varios años fue Jefe de la Estación de Hidrobiología en Chascomús, donde se reproducían peces para siembras. Durante su estancia en aquella ciudad de la provincia de Buenos Aires tomó contacto con investigadores extranjeros, principalmente norteamericanos y fue llenando vacíos que la Universidad no había podido cubrir. “Sobre todo en una ciencia nueva que estaba surgiendo como la biología pesquera. Allí aprendí mucho y lo iba traduciendo en artículos que publicábamos. A nosotros nos atraía lo que fuera nuevo, lo que había que investigar. Lo rutinario nos parecía aburrido”. Cuando habla de nosotros, se refiere a la compañía de su esposa, Nely Edith Pianta, doctora en Ciencias Naturales, quien compartió junto a él su pasión por la investigación.
Desde Chascomús publicó varios artículos de la especialidad en revistas de amplia difusión a nivel nacional y se hizo conocido en el ambiente de la pesca. Al mismo tiempo, como radioaficionado asesoraba a gente del Chaco, hasta que le ofrecieron un trabajo interesante y decidió partir.
Nuevo desafío
Llegó al Chaco a fines de 1957, designado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería de la provincia como Jefe de una estación hidrobiológica para la reproducción de peces. Un año más tarde lo tentaron con un nuevo desafío. Un grupo de hombres del medio había visto la necesidad de crear un museo de Ciencias Naturales porque la provincia, a pesar de varios intentos, no contaba con ninguno bien organizado. “Una noche, caminando por una calle céntrica, encontré al profesor Enrique Palavecino, director del Museo Etnográfico de Buenos Aires. El había sido profesor nuestro en La Plata y me dijo que sabía que yo estaba en Resistencia, que le habían preguntado sobre un museo y les dijo que se necesitaba un doctor en Ciencias Naturales. Esto lo oyó un activo y entusiasta miembro del Consejo Escolar de Educación y me ofreció la posibilidad de dirigir la creación del museo, cosa que después acepté”.
La concreción de un sueño
Cuando comenzó a trabajar en el proyecto supo que debía partir de la nada y que todo estaba por hacerse. No había suficiente material científico clasificado y preparado para formar colecciones, y su plan tropezó muchas veces con la falta de recursos económicos y la incomprensión de las autoridades que se renovaban. Al asumir la presidencia del Consejo General de Educación Dionisio Goussal, recibió el apoyo que esperaba. El doctor Risso gestionó entonces ante el Museo de La Plata reproducciones de fósiles americanos y piezas de interés para ser expuestos en el futuro. El 25 de mayo de 1965 pudo concretar el sueño: fue el día que se inauguró el Museo de Ciencias Naturales en Chaco y, como no podía ser de otra manera, fue nombrado titular.
En el museo dio vida a la biblioteca especializada y a una revista con trabajos científicos pergeñados por su director y personal, cumpliéndose así su propósito: que el museo sea un centro de investigación científica que superase la mera exhibición de piezas naturales. “Para llegar a ser un centro se necesitaba disponer de bibliografía científica y ella se obtendría a través del canje con instituciones científicas de todo el mundo. Empezamos a investigar en base al material coleccionado de peces y mi bibliografía particular. De esta manera aparecieron las notas del Museo de Ciencias Naturales del Chaco y en colaboración con mi esposa se distribuyeron por todas las instituciones científicas del mundo y figuraron en el Zoological Record. Entonces ya era a nosotros que nos pedían canje”.
Por los trabajos de investigación recibieron premios a la producción científica regional de la zona litoral en el trienio 1964-1966, otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación.

Docencia e investigación
Al mismo tiempo, el doctor Risso alternó su tarea en el museo con la docencia que ejercía en la Facultad de Ciencias Exactas, en las cátedras de Zoología y Recursos Fáunicos de la UNNE.
Hasta el ´68 siguió al frente del museo, hasta que el Ministro de Agricultura y Ganadería del Chaco, doctor A. Varela solicitó al Consejo General de Educación de la provincia que le permitiera colaborar con el organismo, porque debía organizar el Departamento de Caza y Pesca. La tarea investigativa que había empezado no tuvo continuidad.
En 1975 se jubiló en el Ministerio como Director de conservación de la fauna y diez años más tarde se jubiló de todas las cátedras pero siguió trabajando en forma particular para una consultora con un equipo que había formado.
Con 85 años, cuando repasa el pasado dice que le quedaron algunas pocas cosas en el tintero. Le hubiese gustado dedicarle tiempo a la reproducción artificial de trucha criolla, un objetivo que intentó pero por cuestiones personales no alcanzó a cumplir. Después de servir durante décadas a la comunidad, brindando su conocimiento sin mezquindad y dejando su huella como sembrador de ciencia y cultura, hoy en día se dedica a disfrutar de su familia. Sabe que dejó marcas en el camino que contribuyeron de alguna u otra forma al crecimiento del país. Sin embargo con humildad, cuando uno le pregunta cuáles fueron sus principales logros, no duda en contestar: “los alumnos que tuve en ambas facultades, el museo y los recuerdos de los buenos amigos”.

Presidente del Instituto Browniano
De espíritu inquieto y trabajador incansable, el doctor Risso, ya jubilado no dudó en incorporarse al Instituto Browniano cuando fue invitado por el prefecto mayor José Soler. Terminó presidiendo la entidad entre 1995 y 2001, desarrollando una prolífica labor institucional y cultural. Al asumir, el organismo tenía una actividad muy pobre e iban quedando pocos adherentes. De acuerdo al reglamento, estaba destinado a bajar de categoría y convertirse en una simple delegación. “Cuando recibí la filial estaba en estado deplorable, tenía menos de cuarenta miembros. Por consiguiente empecé de inmediato a incorporar amigos, que los tenía y muchos, dado mi paso por el Rotary Club Resistencia y la Universidad Nacional del Nordeste. Así pronto llegamos a los cien y esto llamó la atención de Buenos Aires, no solo por el número sino por la calidad, todos con jugosos antecedentes”.
Cumplido su cometido, comprometió al presidente del Instituto que los acompañara en el homenaje a Brown, en el día del aniversario de su nacimiento. “De entrada se hizo un acto como nunca antes, con la presencia del gobernador y su gabinete, representantes de las fuerzas de seguridad y militares. Se hicieron desfiles y de ahí en adelante cada desfile fue mejorando, anteriormente nunca había habido nada parecido”. Durante su presidencia se realizaron publicaciones sobre la vida del patrono de la institución y organizaron un concurso provincial sobre la obra del Almirante Brown. Los alumnos mejores clasificados fueron premiados con un viaje a Capital Federal, donde fueron agasajos visitando la Fragata Sarmiento.
El Instituto adquirió así un prestigio que no había logrado en años, gracias a que su gestión fue coronada con el apoyo de amigos y otras instituciones que siempre estuvieron presentes ante cada convocatoria. Risso alcanzó a concretar la fundación de una nueva filial en la segunda ciudad del Chaco, en Presidencia Roque Sáenz Peña, y ya tenía todo listo para formar otra en Formosa capital, hasta que una situación lo motivó a renunciar.
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3 thoughts on “El Tresarroyense grandioso.

  1. SkyNet silverstar dice:

    Laura

    Gracias por compartir la vida de una persona integra y grande en las empresas realizadas, puedo arriesgar que con el tiempo el reflejo de el en tu vida se volverá mas fuerte.
    Sinceramente lamento la gran perdida para ti y para todos los que directamente o indirectamente tocamos su trabajo.

    Saludos cordiales

  2. LauraRisso dice:

    Sería el mayor orgullo para mí, poder al menos recorrer la mitad de vida íntegra que tuvo mi abuelo.
    Fué mi luz, mi guia, el sendero del camino que quiero recorrer hasta mi muerte.
    Gracias por creer que puedo a ser un poco como el.
    🙂

  3. Nieves dice:

    La verdad creo que no perdimos, ganamos un montón teniendo a semejante persona en nuestra vida.
    Gracias a Dios fue nuestro papá, nuestro abuelo, nuestro ejemplo.
    Un abuelo que con casi 88 años estaba a la vanguardia con la tecnología, siempre utilizandola para hacer bromas, o dejar huellas.
    El abuelito Paco fue el primer hombre de la vida de todas nosotras, y un gran ejemplo a seguir.
    Por suerte nos dejó a la abuelita para que sigamos amando a la persona que más amo en su vida y la razón de su vida.
    Asi que ahora a amar a la abuela pensando que es el tesoro más valioso del abuelo.

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