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Merendero Divino Niño Jesús

A veces la solidaridad nos llega con noticias como estas, y es cuando uno comprende que para amarnos los unos a los otros alcanza con una idea, y se basa en amorosa colaboración de manos y hermanos.
Hoy les dejo un ejemplo de como, en todos los puntos del mundo donde se necesite HACER en vez de quejarse y protestar, es posible iniciar movimientos tan bellos como este.
Namasté.

Funcionamos en el Barrio Congreso Nacional de la localidad de Cerrillos en la provincia de Salta.Los martes y viernes merendamos con aproximadamente 100 chicos y chicas.

lunes 14 de septiembre de 2009

Así nacimos:

En Septiembre del 2008 y en agradecimiento al Divino Niño Jesús por el terreno y la casita El Gringo y Alejandra hicieron una fiesta para homenajear en los niños del barrio al Niño de su devoción. Asi, sin mucho pensarlo, el jarro de mate y el pedacito de pan se perpetuaron a lo largo de cada martes y cada viernes hasta ahora.
Tantas personas solidarias como personas que los ignoraron hicieron posible esta continuidad.

A fines de Mayo de 2009 de la mano de la Profe Marisa el 3ºB del Colegio San Alfonso se incorpora como voluntarios en las actividades del Merendero. Los chicos del San Alfonso organizan juegos y colaboran en la atención de los niños, dibujando, contándoles cuentos, jugando a la ronda y muchas actividades más.

 
Fuente: El propio blog del merendero, administrado por Fabiana Funes.
A todos los integrantes del mismo, vayan mis mas cariñosos saludos, y sepan que estamos dispuestos a colaborar mientras necesiten.

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Escuela Waldorf – Un lugar en el mundo.

La pedagogía Waldorf propone un método basado en la enseñanza autónoma del Hombre. Trabaja con una idea antroposófica del ser humano, entendido como una individualidad de espíritu, alma y cuerpo.
El método está basado en los postulados del científico austríaco Rudolf Steiner, a quien le fue encargado el diseño de una escuela para los hijos de los empleados de la fábrica de cigarrillos Waldorf Astoria, en Alemania.
Esto ocurrió en 1919, en medio del caos social y económico que siguió a la Primera Guerra Mundial. Era un momento en el cual se buscaban nuevas orientaciones para construir el futuro de Europa, después del derrumbamiento de viejas estructuras sociales.

¿Cómo fueron sus orígenes?

Steiner había dado una charla para los trabajadores de la fábrica, ubicada en Stuttgard. Bregaba por la necesidad de organizar de otra manera la sociedad, renovar la vida política y cultural. Emil Molt, el dueño de la empresa, se sintió interesado por estas propuestas y entonces le pidió a Steiner que estableciera y dirigiera una escuela para los hijos de los empleados. De esa forma nació, en septiembre de 1919, la primera Escuela Libre Waldorf, con metodologías innovadoras, 12 profesores y 256 alumnos, distribuidos en ocho clases.
“No hemos de preguntarnos qué necesita saber y conocer el hombre para mantener el orden social establecido, sino qué potencial hay en el ser humano y qué puede desarrollarse en él. Así será posible aportar al orden social nuevas fuerzas procedentes de las jóvenes generaciones”. De esta forma, Rudolf Steiner (1861-1925), entendía a la educación del individuo y su relación con la sociedad. Partía desde la Antroposofía, perspectiva que implica el conocimiento de la “Triformación del Hombre”. Cuerpo, alma y espíritu se hacen comprensibles en sus relaciones recíprocas, el sistema nervioso sensorial, la organización rítmica y el ámbito metabólico aparecen en relación con las actividades anímicas: pensar, sentir, querer, que a su vez pueden ser desarrolladas como capacidades espirituales: imaginación, inspiración e intuición.

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El camino

El camino del SER debe comenzar, está comenzando, unamos nuestros lazos de amor, creemos y creamos un nuevo mundo, unido, al que pertenecemos, pero no poseemos, somos parte del todo, tu y yo, todos.
Dar es contribuir con el eterno círculo de la vida, amar es la misión dada a nosotros por numerosos maestros, algunos de los cuales fueron mal interpretados.(Si, hablo puntualmente de Jesuscristo.)
Agradecer, contribuir, alejarse de los pensamientos destructivos que conllevan a acciones de la misma vibración.
Es un camino largo, o no, cuesta, o sumamente sensillo, ver el vaso medio vacío, o lleno.
Despsertemos, es el mensaje de Julio Andrés Pagano, acompañándonos a un camino de conciencia universal, de amor, armonía, de plenitud del ser.
Conozcamos un poco más…

Entre todos creamos un mundo más cálido y humano. Visita: http://www.proyecto-despertar.com.ar/ notas.htm

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Pasando mis 40 años veo…

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!

¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos!

¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

¡Es más!

¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza.

Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de las Nike?

¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.

El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!

¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de… años!

Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De ‘por ahí’ vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ‘compre y tire que ya se viene el modelo nuevo’.

Mi cabeza no resiste tanto..

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. … ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.. ¡Tooodo guardábamos!

¡¡¡Las cosas que usábamos!!!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín…

Las cosas no eran desechables. Eran guardables.. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de perchas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una percha.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la ‘bruja’ como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la ‘bruja’ me gane de mano y sea yo el entregado.

Hasta aquí Eduardo Galeano

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Bailando Kids – Esto vende.

Recibí un mail, y porsupuesto, me hago eco del pedido.
Tinelli me parece una porquería comercial, como todos los que “colaboran” con el programa de TV que realiza.
Lamentablemente acumulan grandes cantidades de puntos en su raiting, mientras seguimos, siguen mirando esta basura, mientras la realidad nos está matando, siguen los robos, siguen los candidados que de ganar no asumirán sus cargos, siguen endeudándonos y dejando para “otro gobierno” las verdaderas obras necesarias para el HOY.
No hay nuevas fuentes de empleo, no hay fomento para la apertura de PyMEs, no hay apoyo para la salud ni la educación, y me pregunto ¡¡¡¿Que hacemos?!!!, nada, nos sentamos frente a la pantalla boba y aplaudimos estupideces como esta.
Si no comenzamos a hacer algo, el timpo pasará sobre nuestros cadáveres.

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Hola a todos
Trabajo diariamente con niños de educación inicial, primaria y secundaria, capacito docentes en el GCBA y aun sigo estudiando.
Opto por cambiar de canal y buscar algún programa diferente a la formula “Tinelli”, pero este señor, con su bloque de niños, destruye el trabajo que todos los días hacemos miles de maestros de vocación.
¿Cómo puede ser posible que niños de esa edad sean juzgados? ¿Cómo puede ser posible que sean “evaluados” por personas que no tienen ninguna capacitación pedagógica?
¡Estás loco Tinelli, no te alcanza con lo que tenés que te metes además con los más “débiles”!
El Estado manda a los niños obligatoriamente a la escuela ¿para qué? ¿para que luego no pueda controlar los contenidos a los que son expuestos por la TV abierta y por los peligrosísimos mensajes que un señor públicamente envía a esos niños en etapa formativa?
Somos adultos, todos tenemos ya una opinión formada, los niños están en etapa formativa (es nuestra responsabilidad de adultos criarlos y protegerlos) y son inimputables (ellos no tienen la culpa de estar allí y exponerse a esa deformación).
Un abrazo,
Laura Rodríguez
LA MÁXIMA DEGRADACIÓN
DE LOS NIÑOS
Digamos “NO” a la pantalla
de canal 13
cada vez que emita
“BAILANDO KIDS”
como manera
de expresar nuestro repudio.
Volvió Tinelli y volvió el mal gusto y su negocio comercial, al que no le interesa que, como en este caso, haya niños de por medio. Mirar Showmatch es mirar una síntesis del estado ético y moral de nuestra sociedad que avala, promueve, tolera, da raiting, disfruta y justifica una exposición lamentable y degradante como la que ayer tuvo lugar por canal 13. Me pregunto dónde están los padres de estos niños que escucharon que a sus hijos el “prestigioso jurado” les decía cosas como éstas: “bien como perreaste”, “estuviste sensual”, “Esa cara de seductor”, “Cada vez quiero más de ustedes.”,etc. Me pregunto dónde están los padres que aceptaron y firmaron un contrato donde a sus hijas se las viste y maquilla como si fueran vedettes o “LOLITAS” y que permiten que sus hijos sean sometidos a semejante presión y el contacto con adultos (Tinelli, productores, couchs, jurados, etc.) que lo único que les interesa es hacer muchos puntos de raiting y ganar dinero gracias a ellos. Me pregunto si algún funcionario judicial no puede actuar de oficio y detener esto. Me pregunto qué diferencia hay entre esto y aquellos otros Tinellis que explotan a los niños laboralmente, los llevan a las guerras, los prostituyen, etc., etc. ¿O acaso, bajo la fachada de “show televisivo”, con brillos y luces es menos grave y todo vale? Me pregunto qué mirada depravada tienen los señores y señoras del jurado que ven “sensualidad” en niños de 8 y 9 años. Me pregunto ¿dónde estamos ubicados como consumidores? ¿Seguiremos tolerando y participando?  ¿Seguiremos pasivamente contemplando cómo se promueven los antivalores? ¿Seguiremos mirando para otro lado, sin comprometernos en defensa de nuestras familias?
La página Web de Canal 13 no tiene un espacio de “contacto” como para mandar mensajes de repudio a este programa (por lo  menos no la encontré). La página del CONFER
ofrece la posibilidad de denunciar en línea o telefónicamente.
Si no querés seguir mirando
cómo se desprecia el valor de los niños
para priorizar un negocio rentable
frente a millones de personas,
te pido por favor que hagas algo.
Expresate, hacé denuncias, no mires el programa
(para que caiga la pauta publicitaria
y no tengan otra opción que cambiar el formato).
Reenviá este mail a tus contactos
con CCO (con copia oculta).
¡PODEMOS HACER ALGO!
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El Tresarroyense grandioso.

LA VIDA Y OBRA DEL TRESARROYENSE FRANCISCO JUAN JOSE RISSO,
SEMBRADOR DE CIENCIA Y CULTURA
Vida silvestre
Doctor en Ciencias Naturales, el tresarroyense Francisco Juan José Risso, que desde hace medio siglo reside en Resistencia, es un sembrador de cultura. Investigador incansable, docente universitario, funcionario provincial de rango, Risso fundó y fue el primer titular del Museo de Ciencias Naturales del Chaco. A los 85 años, ya jubilado, entrevistado por “El Periodista” en la norteña provincia que escogió para vivir, repasó su intensa carrera y su rica obra. Un legado que le valió ser destacado como “personalidad nacional” en la publicación “Quién es quién” de América Latina.
Hay gente que en su obrar va dejando huellas que perdurarán para siempre porque contribuyeron de alguna u otra forma al crecimiento del país. Cuando repasa su rica trayectoria, el doctor Francisco Juan José Risso Ceriani, comprende que le quedaron muy pocas cosas por hacer en el camino. Si uno le pregunta cuáles fueron sus principales logros no duda en contestar: “los alumnos que tuve en ambas facultades, el museo y los recuerdos de los buenos amigos”.
Este tresarroyense de 85 años, se dedicó a crear y sembrar durante décadas ciencia y cultura en la comunidad chaqueña y correntina. Sus prestigiosas obras de investigación como doctor en Ciencias Naturales y su gran riqueza intelectual le valieron el reconocimiento de ser destacado como personalidad nacional en la publicación “Quién es quién” de América Latina.
Huellas en su ciudad
Francisco nació el 12 de julio de 1921 en nuestra ciudad, de donde guarda los mejores recuerdos. Fue de los primeros 21 alumnos que tuvo el Colegio Jesús Adolescente, completó el secundario en el Colegio Nacional y cuando tuvo que partir a la Universidad regresó cada verano para reencontrarse con su familia y su gente. Aquí también dejó su huella junto a su mejor amigo, el doctor Antonio Sorgentini. “Con él colaboré estrechamente para crear el museo regional de Tres Arroyos que se ubicaba en la Biblioteca Pública Sarmiento y posteriormente en la casa Scout”, contó Risso desde Chaco donde reside desde hace 48 años.
Su vocación
Su inquietud por las Ciencias Naturales surgió cuando era adolescente y compró un microscopio escolar para empezar sus primeras incursiones autodidactas. Finalizando el ciclo escolar tuvo que decidir qué rumbo tomaría su futuro. Hubo una charla que le ayudó a definir su vocación. En ese entonces, el profesor Dassis, secretario del Colegio Nacional les dijo que había que apuntar a dejar las carreras clásicas de médicos y abogados para buscar otras alternativas que se potenciarían en el futuro. “En ese entonces YPF ofrecía becas de estudios para geólogos, que era una carrera de futuro. Esta carrera se estudiaba en La Plata donde había que seguir el doctorado en Ciencias Naturales”.
Vueltas del destino
Con dieciocho años partió hacia la ciudad de las diagonales dispuesto a convertirse en geólogo. Sin embargo, las vueltas del destino lo hicieron inclinarse por una especialidad que lo acompañaría el resto de su vida. “Llegado a los últimos años de la carrera tenía cuatro especializaciones principales: zoología, botánica, geología y paleontología. Los profesores de geología eran todos alemanes, eran lo que se decían “sabios” pero no eran didactas. No me gustó. En cambio, los de zoología eran modernos, con la etología y ecología al día, por lo cual me incliné hacia esta especialidad”.
Cuando llegó al tercer año eligió un asesor para su tesis. El profesor Mac Donagh le aconsejó la ictiología e investigó sobre el tema de “Contribución al conocimiento del sábalo en la Cuenca del Plata”. Llegado el momento rindió el examen ante un tribunal especial y obtuvo un diez sobresaliente. Ya era doctor.
Pasión por la investigación
Durante varios años fue Jefe de la Estación de Hidrobiología en Chascomús, donde se reproducían peces para siembras. Durante su estancia en aquella ciudad de la provincia de Buenos Aires tomó contacto con investigadores extranjeros, principalmente norteamericanos y fue llenando vacíos que la Universidad no había podido cubrir. “Sobre todo en una ciencia nueva que estaba surgiendo como la biología pesquera. Allí aprendí mucho y lo iba traduciendo en artículos que publicábamos. A nosotros nos atraía lo que fuera nuevo, lo que había que investigar. Lo rutinario nos parecía aburrido”. Cuando habla de nosotros, se refiere a la compañía de su esposa, Nely Edith Pianta, doctora en Ciencias Naturales, quien compartió junto a él su pasión por la investigación.
Desde Chascomús publicó varios artículos de la especialidad en revistas de amplia difusión a nivel nacional y se hizo conocido en el ambiente de la pesca. Al mismo tiempo, como radioaficionado asesoraba a gente del Chaco, hasta que le ofrecieron un trabajo interesante y decidió partir.
Nuevo desafío
Llegó al Chaco a fines de 1957, designado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería de la provincia como Jefe de una estación hidrobiológica para la reproducción de peces. Un año más tarde lo tentaron con un nuevo desafío. Un grupo de hombres del medio había visto la necesidad de crear un museo de Ciencias Naturales porque la provincia, a pesar de varios intentos, no contaba con ninguno bien organizado. “Una noche, caminando por una calle céntrica, encontré al profesor Enrique Palavecino, director del Museo Etnográfico de Buenos Aires. El había sido profesor nuestro en La Plata y me dijo que sabía que yo estaba en Resistencia, que le habían preguntado sobre un museo y les dijo que se necesitaba un doctor en Ciencias Naturales. Esto lo oyó un activo y entusiasta miembro del Consejo Escolar de Educación y me ofreció la posibilidad de dirigir la creación del museo, cosa que después acepté”.
La concreción de un sueño
Cuando comenzó a trabajar en el proyecto supo que debía partir de la nada y que todo estaba por hacerse. No había suficiente material científico clasificado y preparado para formar colecciones, y su plan tropezó muchas veces con la falta de recursos económicos y la incomprensión de las autoridades que se renovaban. Al asumir la presidencia del Consejo General de Educación Dionisio Goussal, recibió el apoyo que esperaba. El doctor Risso gestionó entonces ante el Museo de La Plata reproducciones de fósiles americanos y piezas de interés para ser expuestos en el futuro. El 25 de mayo de 1965 pudo concretar el sueño: fue el día que se inauguró el Museo de Ciencias Naturales en Chaco y, como no podía ser de otra manera, fue nombrado titular.
En el museo dio vida a la biblioteca especializada y a una revista con trabajos científicos pergeñados por su director y personal, cumpliéndose así su propósito: que el museo sea un centro de investigación científica que superase la mera exhibición de piezas naturales. “Para llegar a ser un centro se necesitaba disponer de bibliografía científica y ella se obtendría a través del canje con instituciones científicas de todo el mundo. Empezamos a investigar en base al material coleccionado de peces y mi bibliografía particular. De esta manera aparecieron las notas del Museo de Ciencias Naturales del Chaco y en colaboración con mi esposa se distribuyeron por todas las instituciones científicas del mundo y figuraron en el Zoological Record. Entonces ya era a nosotros que nos pedían canje”.
Por los trabajos de investigación recibieron premios a la producción científica regional de la zona litoral en el trienio 1964-1966, otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación.

Docencia e investigación
Al mismo tiempo, el doctor Risso alternó su tarea en el museo con la docencia que ejercía en la Facultad de Ciencias Exactas, en las cátedras de Zoología y Recursos Fáunicos de la UNNE.
Hasta el ´68 siguió al frente del museo, hasta que el Ministro de Agricultura y Ganadería del Chaco, doctor A. Varela solicitó al Consejo General de Educación de la provincia que le permitiera colaborar con el organismo, porque debía organizar el Departamento de Caza y Pesca. La tarea investigativa que había empezado no tuvo continuidad.
En 1975 se jubiló en el Ministerio como Director de conservación de la fauna y diez años más tarde se jubiló de todas las cátedras pero siguió trabajando en forma particular para una consultora con un equipo que había formado.
Con 85 años, cuando repasa el pasado dice que le quedaron algunas pocas cosas en el tintero. Le hubiese gustado dedicarle tiempo a la reproducción artificial de trucha criolla, un objetivo que intentó pero por cuestiones personales no alcanzó a cumplir. Después de servir durante décadas a la comunidad, brindando su conocimiento sin mezquindad y dejando su huella como sembrador de ciencia y cultura, hoy en día se dedica a disfrutar de su familia. Sabe que dejó marcas en el camino que contribuyeron de alguna u otra forma al crecimiento del país. Sin embargo con humildad, cuando uno le pregunta cuáles fueron sus principales logros, no duda en contestar: “los alumnos que tuve en ambas facultades, el museo y los recuerdos de los buenos amigos”.

Presidente del Instituto Browniano
De espíritu inquieto y trabajador incansable, el doctor Risso, ya jubilado no dudó en incorporarse al Instituto Browniano cuando fue invitado por el prefecto mayor José Soler. Terminó presidiendo la entidad entre 1995 y 2001, desarrollando una prolífica labor institucional y cultural. Al asumir, el organismo tenía una actividad muy pobre e iban quedando pocos adherentes. De acuerdo al reglamento, estaba destinado a bajar de categoría y convertirse en una simple delegación. “Cuando recibí la filial estaba en estado deplorable, tenía menos de cuarenta miembros. Por consiguiente empecé de inmediato a incorporar amigos, que los tenía y muchos, dado mi paso por el Rotary Club Resistencia y la Universidad Nacional del Nordeste. Así pronto llegamos a los cien y esto llamó la atención de Buenos Aires, no solo por el número sino por la calidad, todos con jugosos antecedentes”.
Cumplido su cometido, comprometió al presidente del Instituto que los acompañara en el homenaje a Brown, en el día del aniversario de su nacimiento. “De entrada se hizo un acto como nunca antes, con la presencia del gobernador y su gabinete, representantes de las fuerzas de seguridad y militares. Se hicieron desfiles y de ahí en adelante cada desfile fue mejorando, anteriormente nunca había habido nada parecido”. Durante su presidencia se realizaron publicaciones sobre la vida del patrono de la institución y organizaron un concurso provincial sobre la obra del Almirante Brown. Los alumnos mejores clasificados fueron premiados con un viaje a Capital Federal, donde fueron agasajos visitando la Fragata Sarmiento.
El Instituto adquirió así un prestigio que no había logrado en años, gracias a que su gestión fue coronada con el apoyo de amigos y otras instituciones que siempre estuvieron presentes ante cada convocatoria. Risso alcanzó a concretar la fundación de una nueva filial en la segunda ciudad del Chaco, en Presidencia Roque Sáenz Peña, y ya tenía todo listo para formar otra en Formosa capital, hasta que una situación lo motivó a renunciar.
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